Humanismo Secular en Costa Rica

Juliano el Apóstata de Gore Vidal
  

Gore Vidal (West Point, 1925), fascinante escritor e intelectual norteamericano, feroz fustigador del sistema político y status quo de su país; un real disidente, iconoclasta, de pluma corrosiva, eterno disconforme y furtivo critico del american way of life, justamente reconocido en su país como el más grande ensayista del siglo XX, odiosamente desconocido por su magnifica obra narrativa, en donde sobresalen sus novelas que matizan un verdadero fresco de la historia norteamericana (Burr, 1876, Lincoln, Imperio, Hollywood, La Edad de Oro), hasta su exuberante incursión en el siglo V a.c., donde consuma una prolija revisión sobre el nacimiento de los grandes ideales filosóficos, espirituales y políticos, de nuestra era, a través de su obra Creación (1981); nos ofrece por intermedio de su novela histórica, dicho sea de paso, pródigamente documentada: Juliano el Apóstata, algo más que una simple revisión de la vida y obras de este emblemático personaje.

La historia del emperador romano Flavio Claudio Juliano, comúnmente reconocido como Juliano el Apóstata, (Constantinopla 332- Maranga 363), resulta por sí misma, atrayente y sugestiva, tanto que el propio Vidal, reconoce en su nota preliminar del libro, que particularmente en Europa, Juliano siempre ha sido visto como una especie de héroe clandestino, donde su atrevimiento por detener la cristiandad y de revivir el helenismo, posee aún un romántico atractivo.

Adentrándonos en la obra misma, en principio, no reviste problema alguno desentrañar el argumento del libro, pues trata, de la propia vida de Juliano. El libro consta de tres partes que constituyen las tres etapas de la vida del emperador: Juliano joven, Juliano Cesar y Juliano Augusto. La estructura diseñada por Vidal, combinando diestramente diversas técnicas narrativas, como el relato autobiográfico, y especialmente el género epistolar, expuesto admirablemente mediante el diálogo sostenido entre Prisco y Libanio (ambos filósofos de la época, con quienes Juliano tuvo una amplia amistad), en las postrimerías del siglo IV d.c., años después de la muerte de Juliano, resulta un valioso artificio que nos permite a medida que se leen las memorias que dejó el propio Juliano, un examen interesantísimo acerca de las "verdades" y "falsedades" que el propio Juliano consignó, dejándonos una sensación de amplitud y veracidad sobre la trama.

Vidal, como bien se mencionó supra, no escoge arbitrariamente la figura de Juliano, ya que además de su incontestable atractivo histórico y representativo, su elección, también viene determinada por el cúmulo de tópicos que se constituyen en el convulso siglo IV d.c. Juliano, se encuentra ante un Imperio en abierta caída libre, decadente e infausto; decapitado por las férreas disputas y conspiraciones de su cúpula imperial y especialmente por la ascensión al púrpura y consolidación en el poder de la Iglesia cristiana, desesperado recurso utilizado, por su propio tío Constantino el Grande, para intentar frenar en la medida de lo posible la descomposición del Imperio Romano.

Este último argumento, se vislumbra con especial importancia en la obra; en su época de juventud, encontramos a un Juliano, que se decanta por su vocación de filósofo, exiliado en Capadocia, al margen de los acontecimientos políticos de su entorno, ferviente amante de la filosofía y cultura griega, arqueólogo en una época en la que, los valores clásicos estaban siendo enterrados bajo el suelo del cristianismo imperante, en abierta lucha interior, entre la imposición de la religión cristiana, postulada por su familia y las antiguas religiones "paganas" que le imponen sus idolatrados pensadores helénicos y la propia cultura del viejo Imperio.
Estos últimos resultarán vencedores, concediendo así, un acceso a diversos ritos ancestrales como los cultos mistericos a Mitra y a Eleusis, donde sobresale la figura del primero, divinidad o deidad solar de origen persa que se remonta al año 1000 a.c., adoptado por el Imperio Romano, especialmente en sus fuerzas militares, y cuyos principales rasgos mitológicos, fueron cínicamente usurpados por la religión cristiana (Mitra nació un 25 de diciembre, de una madre virgen, murió y resucito al tercer día, y en sus misterios ya se practicaba la teofagia). En ésta línea, Juliano reconoce la "habilidad" de los cristianos para incorporar con astucia en sus ritos, la mayoría de los elementos de los misterios de Mitra, Deméter, Adonis y Dionisios. "son ultrajantemente audaces por la forma en que adaptan nuestros más sagrados rituales y festejos para sus propios fines". La moderna cristiandad, dice, "es una enciclopedia de las supersticiones tradicionales"

Magistral, resulta el análisis, del fenómeno cristiano, y que merece su trascripción.
"Los galileos, basan su religión en la idea de un único dios, como si eso fuera novedad: desde Homero a Juliano, los griegos han sido monoteístas...donde éste Jesús, fue simplemente un sacerdote judío renovador, tan exclusivo como los demás judíos, que no tenia ningún interés en hacer proselitismo, los problemas que tuvo con Roma no eran de carácter religioso (¿Cuándo Roma persiguió a alguien por sus creencias religiosas?) sino político. Este Jesús, pensó que él era el mesías. Ahora bien, el mesías es una especie de héroe judío que de acuerdo con la leyenda, un día establecerá un imperio judío que durará hasta el fin del mundo. Evidentemente no era un dios, y mucho menos el hijo del Dios Uno. Jesús representó cuidadosamente cada uno de los requerimientos proféticos para parecerse a este héroe. Pero la cosa salió mal. El pueblo no le dio su apoyo. Su dios lo abandonó, y el recurrió a la violencia... Nunca debemos olvidar que, según sus propias palabras, Jesús era un judío que creía en la Ley de Moisés. Ésto significa que no podía ser el hijo de Dios (la especie mas pura de la blasfemia) y mucho menos Dios mismo...Lo sorprendente de nuestra época, es que un rabino provinciano y simple, fuera convertido de forma tan extraordinaria en un dios por Pablo de Tarso, quien superó a todos los embaucadores y tramposos que hayan existido en cualquier lugar del mundo."


Vidal, reitera en Juliano el Apóstata, lo también postulado, previamente en su novela Mesías (1955), con relación a la ideología cristiana..."lo que más me perturba es su extraña desesperanza respecto de ésta vida y el exagerado énfasis que ponen en la próxima. Por supuesto, la eternidad es más larga que el breve período de vida humana, pero vivir continuamente con la idea de la eternidad es limitar el espíritu y hacer al hombre infeliz en su vida cotidiana, puesto que su mirada nunca debe dirigirse a éste mundo encantador, sino a la oscura puerta a través de la cual uno deberá pasar algún día".

Ahora bien, no responde a mi interés, develar o en el peor de los casos estropear, toda la trama del libro; considero, que sus páginas se defienden por sí mismas, y corresponderá a cada quien, el descubrir sus encantos; pasajes como la narración de la campaña persa de Juliano, la misma descripción de los misterios de Eleusis y Mitra, y la resistencia del emperador al establecimiento del cristianismo, son simplemente exquisitos e inolvidables.

Eso sí, se hace absolutamente necesario, hacer una especial referencia, acerca del epílogo del libro, el cual sin lugar a dudas, responde a uno de los mejores finales que he podido leer. En éste sentido, coincido plenamente con lo expresado por un crítico literario: "con esta clase de epílogos uno se pregunta si es normal, levantarse del lugar de lectura y a aplaudir a un fardo de hojas"
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Anónimo   |201.220.232.xxx |2010-06-11 01:30:12
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